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4.2.5. Las 3R y la U

Educar desde la solución

En el ámbito educativo, tradicionalmente hemos puesto el foco en las consecuencias del comportamiento: qué ocurre cuando el alumno no cumple la norma. Sin embargo, este enfoque no siempre ayuda al alumnado con síndrome de Down y discapacidad intelectual a comprender lo ocurrido ni a aprender qué hacer la próxima vez.

La estrategia de las 3R y la U nos invita a cambiar la mirada. En lugar de preguntarnos “¿qué consecuencia merece esta conducta?”, nos preguntamos: ¿Qué solución puede aprender este alumno para responsabilizarse de lo ocurrido y hacerlo mejor la próxima vez?. El objetivo no es evitar los errores, sino aprender de ellos.

Infografía de las 3R y la U

¿Qué significan las 3R y la U?
Cuando ayudamos al alumnado a buscar soluciones, estas deben cumplir cuatro criterios sencillos y claros, adaptados a su nivel de comprensión.

1. Relacionadas
La solución debe estar claramente conectada con lo que ha pasado. Esto ayuda al alumno a entender la relación entre lo que hace y lo que ocurre después.

Ejemplo: Si un alumno habla cuando no es su turno, una solución relacionada puede ser practicar con apoyos visuales cuándo hablar, en lugar de aplicar un castigo.

2. La solución debe ser respetuosa con: el alumno, el docente y el grupo. El respeto y la seguridad emocional son fundamentales para que el alumno pueda aprender. La clave docente es acompañar con calma, lenguaje sencillo y actitud afectuosa.

3. Razonables: las soluciones deben ser: sencillas, realistas, 
ajustadas a la edad y capacidades del alumnado. No pedimos más de lo que puede hacer. Adaptamos la solución a su nivel, usando apoyos visuales, modelado y repetición.

4. Útiles: la solución debe servir: ahora y para el futuro. Una solución útil ayuda al alumno a: aprender qué hacer la próxima vez, desarrollar habilidades sociales y sentirse capaz y seguro. La pregunta clave: ¿Qué aprende este alumno con esta solución?

Cuando trabajamos desde las 3R y la U: el alumno no actúa por miedo,  aprende poco a poco a responsabilizarse,  aumenta su autoestima, se refuerza la autonomía con apoyo y mejora el clima del aula.

El error deja de ser un problema y se convierte en una oportunidad de aprendizaje guiado. 

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